Queride:

Me enorgullece saludarte en esta cuarta carta, porque significa que hemos roto la maldición de las newsletters. He perdido la cuenta de la cantidad de newsletters de amigues o conocides a las que me suscribí en su momento y que no pasaron de la tercera, el momento en el que se acaba la novedad y ya solo los reales mantenemos el compromiso. Yo no soy una persona que se caracterice por su perseverancia ni por no dejarse derrotar por la inseguridad si no recibe una recompensa inmediata, pero oye, aquí estamos, y tengo ya en la cabeza al menos una carta más, así que enhorabuena a mí.

(recordatorio de que, si estás leyendo esto en la web, puedes suscribirte y darme un pequeño refuerzo positivo que me sostenga durante al menos otras cuatro cartas)

Durante mis vacaciones tuve un brote de melancolía provocado en parte por la lectura de Rusty Brown, en parte por la reducción de horas de sol, y en parte simplemente porque tenía más tiempo para pensar en cosas tristes, y estuve repasando este disco de Advance Base, que me pegó muy fuerte el invierno pasado en circunstancias más o menos similares. No sé por qué Advance Base tiene mucho menos seguimiento que Casiotone For The Painfully Alone siendo básicamente lo mismo, aunque es verdad que al volver a este disco me he dado cuenta de que las melodías son demasiado parecidas y se hace monótono.

Las letras, sin embargo, son increíbles: cada una un relato corto tristísimo y lleno de detalles, con una economía narrativa alucinante. Este es mi favorito, una pequeña viñeta que cuenta un montón sobre las dificultades de la paternidad y lo confuso que es el mundo cuando eres un niño a partir de una cosa tan simple y universal como es el ritual del ratoncito Pérez (o el hada de los dientes para los aburridos anglos). Leí una vez que nos da más pena cuando un perro muere en una película que cuando lo hace un humano porque sabemos que el perro no entiende lo que le pasa, así que quien tiene que cargar con su duelo somos nosotros, y creo que con los niños pasa algo parecido. La tristeza de un niño es extra triste porque a menudo no viene de un lugar racional, y eso hace que no tenga solución racional tampoco, lo único que se puede hacer es cargar con ella e intentar aliviarla, aceptando lo injusto de su existencia. Igual solo es que yo tengo los traumas adecuados, pero me parece la cosa más desoladora del mundo.

Hay algo además, tanto en ese sinte delicado como en la melancolía que lo acompaña, que lo hace invernal de alguna forma, como un especial de Peanuts o algo así, como si llevara la depresión estacional incorporada en su misma base. Owen Ashworth siempre ha sido un gran entusiasta de la música navideña ligeramente deprimente, y recomiendo echarle un ojo a su mixtape con todas las canciones navideñas de Casiotone y Advance base aquí.

Una combinación perfecta de géneros que ya existían con técnicas actuales. Parece una canción de un grupo perdido del Elephant Six pero datamosheada, como una grabación de teléfono de una de esas canciones que la gente en internet tarda años en identificar. Sword II merecerían estar en la misma conversación que Water From Your Eyes o They Are Gutting A Body Of Water en cuanto a grupos jóvenes de guitarras americanos que están haciendo avanzar el género que sea que hacen, lo llamemos indie rock o shoegaze o lo que queramos, e hibridarlo con manifestaciones musicales más actuales. No entiendo por qué Sword II no han alcanzado la fama de esos otros dos, porque no son ni peores ni menos accesibles de ninguna forma. Me imagino que es una cuestión de no haber estado en el lugar adecuado en el momento adecuado, así que aquí me tenéis, poniendo mi humildísimo granito de arena en esta pequeña newsletter para reivindicarlos en la medida en la que pueda. Además “you remind me of the summer/every season you get hotter” es un cumplido antropocénico perfecto.

Sorry afectan un nihilismo cool que normalmente me resultaría un poco pesado, pero se les nota tanto la performance que acaba siendo entrañable. No engañáis a nadie, Sorry. Quien quiera puede perderse en el entramado teórico más o menos profundo que proponen, con un millón de samples, referencias a letras de otros grupos y hasta una mención súper gratuita a Mishima en una de las otras canciones para darle un toque peligroso, pero al final la cuestión es que todo esto funciona y se traduce en muy buen pop.

En esta canción están pasando mil cosas al mismo tiempo, pillando recursos del drum ‘n’ bass y del rap y de todo lo que se te pase por la cabeza para hacer lo que no deja de ser una canción de indie guitarroso, pero sin perder nunca de vista el puro disfrute inmediato. La letra, eso sí, da bastante vergüenza ajena, pero yo qué sé, todo tampoco se puede tener, y al menos sirve para que Asha Lorenz se lo pase bien estirando, retorciendo y masticando cada palabra.

Aquí tengo que acreditar a mis fuentes: esto fue recomendación de Tania, que al parecer lo conoce desde hace un montón. Yo en mi formación musical me salté la fase “bossanova y city pop que solo está en Youtube”, así que supongo que tal vez esto sea conocidísimo para mucha gente, pero a mí me pilló de nuevas y me dejó completamente volado. Música divertidísima, marchosa, juguetona y hortera de la forma correcta. Es fuerte cómo una instrumental te puede hacer sonreír y hasta reírte a veces. A veces uno solo necesita a un guitarrista japonés haciendo ruidos de mosquito para arreglarle el día, al menos cuando ese uno soy yo. Y además me hace gracia tonta pensar que el “jambo” del título se pronuncia con J fuerte, como si de pronto el señor Takanaka tuviese un deje castizo.

Hace tiempo que tengo la teoría de que cuando un hombre al que le gustan las guitarras cumple 30, solo puede tomar uno de los siguientes tres caminos: el del ambient, el de volver al pop sesentero y que solo te gusten cosas que suenan a que las escribió Brian Wilson (valen cosas actuales pero tiene que ser rollo Ariel Pink o Sharp Pins) o el del metal/música “extrema”, sea lo que sea eso. Yo soy el primer sorprendido en cuánto estoy transitando este último camino, que es el que menos me habría imaginado para mí. Supongo que tiene que ver con tener la cabeza como un bombo, el estrés, etc., pero hay algo en dejar que el ruido te abrume y te meza como una ola que me resulta muy terapéutico de un tiempo a esta parte. Aun así, uno sigue siendo popero y la música que me interesa dentro de estas esferas tiende a ser la más facililla, además de la que estéticamente no se va demasiado al reino del metal feo1. Y en este sentido, The Flenser es claramente el sello a seguir. Llegué a ellos por Chat Pile, y me han servido para descubrir cosas como Agriculture, Bell Witch, o el grupo que nos ocupa.

Una cosa que está bien en esta ola de, llamémoslo claramente, metal para modernos, es que hay un esfuerzo por dar espacio a voces que no son las tradicionales de este tipo de música, como son las de mujeres y gente no blanca o queer. Sin ánimo de caer en un esencialismo raro, eso en Ragana se nota, ya que no tienen miedo a integrar influencias de músicas menos extremas porque no están intentando ganar ningún concurso de dureza o lo que sea. Esta canción, que viene al final de un EP conjunto con Drowse que sí ha tenido momentos más ruidosos, juega al post-rock tranquilito durante la mayor parte de los 7 minutos y algo que dura, y es solo en el clímax donde entran las guitarras distorsionadas y los gritos, otorgándole una carga emocional a ese “there’s nothing to lose” final que alguien con peor gusto para las palabras que yo podría describir como “desgarradora”.

¡Fui a conciertos!

·Todos los conciertos a los que fui desde la última vez que te escribí me hicieron pensar, de una forma u otra, en la idea de “presencia escénica”, sea lo que sea eso. Aproveché un breve viaje a Barcelona para ver a YHWH Nailgun, que sonar sonaban bien, pero el cantante tenía una presencia demasiado intensa y demasiado performativa de una forma un poco incómoda, como que estaba demasiado pendiente de parecer en todo momento guapo y misterioso, que arruinaba un poco el resto. En todo caso, si cerrabas los ojos era muy buen concierto.

·Con las Smerz me pasó justo al revés. Ellas obviamente son perfectas y tienen mucha presencia, pero ni el ventilador para el pelo más potente del mundo podía compensar las condiciones reguleras del concierto, abarrotado y con un sonido bastante deficiente.

·En el caso de Destroyer, lo llamativo es el magnetismo que exuda una persona que se pasa todo el concierto indicando con su actitud y lenguaje corporal que preferiría estar en su casa. Sospecho que esa cosa de negar el afecto es lo que lo hace atractivo, de una manera un poco gatuna.

·Llevo viendo a Marcelo Criminal en directo desde hace como 8 años, y ha sido muy guay ver cómo ha evolucionado su directo y cómo ha acumulado las proverbiales tablas, que se ve que son una cosa que existe de verdad. Tiene mérito que Juana de Arco, literalmente la primera canción de su primer disco, me siga emocionando todas las veces.

·Me lo pasé peor de lo que esperaba en Turnstile, pero en este quien no estaba muy presente era yo, que llevaba una semana muy intensa y me moría de sueño. Aún así, la sensación que me dio fue de ser un concierto demasiado para conversos, con más énfasis en permitir momentos de karaoke catártico al personal que en tocar las canciones de una forma interesante.

·Por último, en Water From Your Eyes entendí del todo lo que diferencia a este grupo de This Is Lorelei, el otro proyecto de Nate Amos en el que también compone él la música y sin embargo suena muy diferente. La presencia de Rachel Brown, en un equilibrio perfecto entre lo riquiño y lo punk, es claramente lo que eleva al grupo2.

Otras cosas que me apetece contarte

·Ya puedo volver a leer cosas que no haya escrito Pynchon, y lo que he hecho ha sido ponerme con mi pila de cómics pendientes. El más relevante para esta newsletter es Black Metal, de Magius, que cuenta todo el rollo de Euronymus y Varg Vikernes y la quema de iglesias y tal3 con el giro de que convierte a los protagonistas en niños preadolescentes, como manera de poner en evidencia que eran unos inmaduros ridículos, y de esa manera evitar la fascinación de “wow, estas eran las personas más malvadas y oscuras y depravadas del mundo” en la que caen muchas historias de este tipo, y que acaba resultando en hacerles el juego a los nazis pesaos estos.

Viñeta estacionalmente relevante

-También leí UFO Mushroom Invasion, de Shirakawa Marina4, y quería mencionarlo para enseñarte esta viñeta maravillosa, soy yo literal etc.

“Piénsalo, Aoki. Nunca más tendrás que hacer los deberes… Rápido, conviértete en una seta… ¡únete a mí en la tierra”, para mis lectores menos políglotas.

·Vi este vídeo que subió Phil Elverum hace unos años, una grabación casera de The Microphones tocando The Glow Pt. 2 unos días después de componerla en un bar de Kentucky en el que nadie les estaba haciendo ni caso. Aparte de su valor como documentación del estado embrionario del proyecto, me resultó conmovedora e inspiradora la idea de que puedes haber escrito una canción tan increíble como esa y que a nadie le importe, porque es una prueba más de que el éxito no tiene nada que ver con el mérito ni con el valor artístico (si es que eso existe siquiera). No sé si Phil Elverum ya estaba satisfecho con la canción cuando tocaba para veinte desconocidos que estaban más atentos de la tele que de él, pero espero que sí, y por lo menos sabemos que tenía motivos para estarlo. Personalmente, pocas cosas me harían más ilusión que tener esa misma tranquilidad.

·Los Campesinos!, consistentemente el mejor grupo del mundo tanto en lo ético como en lo estético, han hecho un post bastante exhaustivo sobre lo que cobran de cada servicio de streaming. Muy ilustrativo y (por lo tanto) muy enfurecedor también.

Y esto es todo por ahora. Acabo de escribir esto en un domingo particularmente domingoso en el que además creo que estoy incubando algo. Si me necesitas, me encontrarás revisando 30 Rock con una infusión de jengibre en la mano.

Volveré dentro de no mucho (espero) con la carta de final de año, que tendrá la cosa favorita de todo el mundo en estas fechas: listas.

¡Hablamos pronto!

1 Digo esto no con orgullo sino con vergüenza de turista.

2 Sin desmerecer a This Is Lorelei, que acaba de sacar un disco muy bueno, pero mucho menos memorable que los de WFYE.

3 Que sinceramente me da un poco de pereza que sea la única historia que se cuente sobre el black metal, pero supongo que la alternativa sería que no se contase ninguna; nadie hace cómics o pelis sobre, por ejemplo, el drone ambiental.

4 Creo que lo han editado hace poco en español, pero a mí me lo habían regalado en inglés cuando estaba inédito aquí.

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