Queride:

Vaya cara tengo, la verdad. Inmediatamente después de una carta en la que me daba palmaditas en la espalda por mi constancia y hablaba de que tenía la siguiente ya pensada, pillo y desaparezco. Al ir a escribir esto miré lo que había dejado escrito en diciembre y me sorprendió ver que había una carta casi completa, además de una lista de favoritos del año a la que le di bastantes vueltas, así que no ha sido por pereza, sino por pura locura. Culparé de esto al bajón estacional y en concreto a una rayada bastante fuerte que me dio con respecto al contenido de esta newsletter y si es útil o necesario que exista. Aún no lo he resuelto, así que no sé cuándo volveré a escribir, pero hace un par de semanas1 cumplí 32 años, así que estoy pensando en la muerte, y me ha apetecido contarte unas cosas al respecto.

Aquí la susodicha lista de favoritos, para quien tenga curiosidad, que su buen trabajo me dio

A principios de mes fui al concierto de Heavenly, organizado por la gente del Popfest. Era el segundo concierto del grupo, en la misma sala y organizado por la misma gente, desde 2024. Cuando vinieron por última vez pensé que sería mi única oportunidad de verles, en lo que parecía una reunión súper limitada, pero desde entonces han sacado un disco (no su mejor, tampoco malo del todo) y han vuelto a girar. El tener estos dos conciertos tan cercanos en el tiempo y tan parecidos en sus circunstancias me ha permitido ver lo que ha cambiado y lo que se ha mantenido igual.

En 2024, Tania y yo éramos de lejos las personas más jóvenes del lugar (con el permiso de una única adolescente guiri que dedujimos que era familia del grupo, aunque ahora no estamos seguros). El asistente medio del concierto era un poco el target general del Popfest: gente que vivió el momento álgido del tontipop2, cuando vivir en Malasaña era algo no solo deseable sino también accesible, y que ahora tiene 1) hijos, 2) menos pelo y 3) menos acceso regular a sustancias recreativas, por lo que para ellos el concierto se convierte en una especie de reunión de antiguos alumnos, además del día del mes que contratan a una niñera y salen de fiesta. Es un ambiente que provoca sensaciones encontradas: por un lado, te sientes completamente ajeno, como si todo el mundo se conociera menos tú, pero eso mismo lo hace un poco agradable, resulta tierna esa oportunidad de ver a un grupo de gente en su elemento.

Pero esta condición de observador externo lo lleva a uno a ponerse en su lugar también. En ambos conciertos, Tania y yo llegamos espontáneamente a la conversación “¿cómo será el equivalente de esto para nosotros?”, imaginándonos un hipotético concierto de 20º aniversario del Momento de auténtica realidad, por ejemplo, en el que reencontrarnos con (glups) nuestros mutuals de twitter de 2020. Es deprimente ver a la gente hacerse mayor, pero más aún cuando puedes ver los puntos que tienes en común con esa gente, cuando queda claro que esa gente eres, o vas a ser, tú (aunque en mi caso cuento con, al menos, mantener todo el pelo, basándome en mis antecedentes familiares). Hacerse mayor también implica perder el privilegio de la soberbia, dejar de poder reírte de los viejos y sus cosas sin la conciencia de que estás escupiendo para arriba. Supongo que se vuelve uno más honesto, o más prudente, pero también era un poco divertido poder rajar descuidadamente sin tener presente tu propia mortalidad.

No hay que obviar, no obstante, un factor diferencial en estos indies viejos en concreto: la madrileñidad. Al menos en mi experiencia personal, hay algo en este rollo tontipopero que mencionaba antes que es especialmente desagradable, que si me pusiera a conjeturar diría que puede tener que ver con haber formado parte de una escena famosa (no me extrañaría, por ejemplo, que tuviera un rollo similar la gente que vivió la Movida). Hay algo en saber que en algún momento estabas más o menos objetivamente entre la gente más canónicamente guay del país que te deforma el cerebro y te convierte en una persona insoportable, sospecho. Esto me da un poco de esperanza con respecto a ese momento hipotético en el que yo sea como ellos: quiero pensar que se puede envejecer más dignamente, que no todos los post-modernos (que no postmodernos) tienen por qué ser así.

Pero no fue esta la única confrontación que tuvimos con nuestra inminente obsolescencia. La gran diferencia con el concierto de 2024 es que ya no éramos los más jóvenes del público, no tanto porque hayamos envejecido desde entonces (que también) sino por un relevo generacional inesperado. En 2024, Heavenly precedieron P.U.N.K. Girl con un “si hay alguien menor de 20 entre el público, es probable que esta sea la canción que se sepa”, haciendo referencia a una fama viral que no sabía que tenía la canción pero que en retrospectiva tiene sentido, porque anda que no le gusta a TikTok una canción en la que se enumera un acrónimo. Y se ve que esta fama viral ha ido a más, porque en 2026 nos encontramos con al menos un número de dos cifras de chavales (chavalas, mayoritariamente) de entre 15 y 22, así a ojo, con el full look otaku, desde uno con un gorrito de orejas de gato, que personalmente me parece mal atuendo para un concierto por cuestiones de visibilidad, hasta unas chicas con un maquillaje bastante currado con mariposas y otros significantes del grupo3. Yo ya lidié con la sensación de que los chavales te hayan quitado tu espacio públicamente hace unos años, pero para Tania, con 27 recién cumplidos, era la primera vez, y me hizo gracia verle pasar por la fase de la amargura, que solo puede conducir o a la aceptación zen en la que considero que me encuentro o a una amargura aún más profunda y difícil de sacarse de dentro, que es la que acaba volviendo fascista a según qué gente.

He de decir que normalmente tengo una serie de prejuicios contra la generación siguiente a la mía en los conciertos, y he visto expresar opiniones similares a suficiente gente para pensar que hay un fundamento. La explicación que se suele dar es que la pandemia ha hecho que se perdieran un momento crítico de socialización en espacios externos, y no sé si será cierta o no, pero sí que se nota una falta de etiqueta conciertil básica, aparte de una manera de ocupar el espacio un poco performativa, que se traduce por ejemplo en esta moda absurda de hacer pogo a la menor oportunidad, o lo de hacer cola horas antes en cualquier concierto como si todos fuesen el Eras Tour.

(puede que también haya un poco de esto que sentí en el concierto de Dummy del año pasado)

Sin embargo, la juventud Heavenly se portó excelentemente y alguien con un poco más de tendencia a la hipérbole que yo hasta diría que le devolvió la fe en la Humanidad y en las nuevas generaciones. Teníamos en concreto a dos chavales al lado que no debían de tener más de 15 años y, si no estaban en su primer concierto, al menos lo parecía, con un entusiasmo de ratillas nerviosas que Tania, víctima del shock edadil que mencionaba antes, encontró un poco molesto, pero a mí, como pequeño Buda de la senectud que ya hemos establecido que soy, me puso muy contento.

Tengo, no obstante, un recadito que mandarle a la juventud. Había en este concierto (y en casi todos últimamente), una chica haciendo fotos con una cámara digital dosmilera, en lo que constituye una más de las maneras deprimentes en las que la cultura juvenil de 2026 está atrapada en un ciempiés humano con la de 2006. Cada vez que voy a una reunión social de gente joven y/o moderna me encuentro con outfits y dispositivos que remiten a mi propia adolescencia: parece que las raras han decidido que lo más vanguardista que puede hacer una es vestirse como una quinceañera emo de los dosmiles. Unos dosmiles, por supuesto, imaginados, de la misma manera que mi generación se ha inventado unos años 80 llenos de neones y formas geométricas que jamás existieron, o que si existieron al menos eran muy minoritarios en comparación con la mucho más común estética del cenicero marrón del McDonald’s.

A este no lo verán en Stranger Things, por lo que sea.

Pasa lo mismo con la música: el actual (casi un poco demodé ya) auge del ambient es uno de los primeros casos de los que tengo constancia en los que la música más en la vanguardia es la misma que estaba en la vanguardia 20 años antes. Dicho de otra manera: si alguien tiene un tatuaje del logo de Aphex Twin, invariablemente tiene o 5 años menos que yo o 10 más. Pido por favor a la juventud, desde este pequeñísimo púlpito, que empiece a incomodarme un poco más. ¡Quiero no entender nada! ¿Dónde están los códigos nuevos que me alienan y me dejan fuera de Lo Que Se Lleva? No puede ser que la misma gente que te da la turra con Mark Fisher sea la que no es capaz de imaginar futuros nuevos. Ya no nos hauntea4 el fantasma de los futuros que no fueron: ahora el fantasma es el del propio Fisher.

Otra consecuencia de que pasen mil años entre cuando empiezo una de estas cartas y cuando la acabo: inicialmente había incluido a las Femcels en esta lista para aprovechar para preguntar si alguien quería venirse al concierto, pero estoy acabando de escribirla literalmente media hora antes de que abran puertas5.

En todo caso, mantengo su inclusión porque estoy bastante dentro de todo el universo Femcels-Worldpeace DMT-bassvictim, grupos todos ellos que están envueltos en una cantidad de capas de ironía que me inquietan y que han hecho que, como buen millennial que aún cree en la justicia social, haya dedicado una cantidad significativa de tiempo a asegurarme de que no tienen ideologías malvadas ni les financia Peter Thiel. Creo que me he quedado tranquilo, pero si alguien sabe algo, que me diga.

Las Femcels, en concreto, pecan un poco de algunas de las cosas de las que me quejaba más arriba en cuanto a regurgitar la estética dosmilera, hasta el punto de que tienen fotos promocionales hechas por Cobrasnake, que ya me fastidiaría en el año 2026. Sin embargo, lo compensan con una cantidad de ideas y una voluntad de tirar para adelante con ellas (a menudo, todas a la vez) que no puedo evitar que me parezca admirable. Buena prueba de ello es esta canción, con un título interminable con paréntesis incluido, como todas las mejores canciones, que tan pronto te cuela un monólogo sobre las virtudes de Javascript como un estribillo punki que da dolor de cabeza (con un perfecto sinte saturado a niveles poco recomendables) como armonías de girl group sesentero. Creo que es la clase de cosa en la que tiene que apetecerte entrar, pero una vez dentro hay mucho que sacar.

La música de Frog se sustenta sobre un ejercicio de equilibrismo complicadísimo que no siempre funciona, pero al menos cuando no lo hace uno puede tener la tranquilidad de que más pronto que tarde sacarán más música (van como a dos discos por año), y cuando sí funciona es impresionante cómo consiguen que cada elemento cumpla su parte. Una canción exitosa de Frog (como, por ejemplo, esta misma) hace malabares a la vez con un juego un poco irónico con lo retro y el kitsch en sus recursos melódicos, unos narradores que normalmente son bros repulsivos con la dosis justa de patetismo para no resultar insoportables, y un gusto por la rima tonta y los juegos de palabras siempre en la línea entre lo cómicamente forzado y lo forzado a secas. Todos estos elementos se juntan, por ejemplo, en el par de versos de esta canción en los que Dan Bateman, en su falsete más ridículo, dice lo de “I've resolved to try and find a/way inside of your vagina”. ¿El kitsch? Lo tiene. ¿El incelismo sarcástico? También. ¿La rima rebuscada? Anda que no. Y todo funciona en una perfecta sinfonía de la grimilla.

Es difícil elegir una sola canción del disco de Dagmar Zuniga, porque parte de la gracia está en su condición de colección de retazos que van y vienen sobre sí mismos, repitiendo motivos o, como en el caso de esta canción, enseñándonos al final 20 segundillos de una melodía que no volverá nunca. He elegido esta Photography the Hard Way porque en ese pianito hipnótico sobre el que se construye hay lo más parecido a un estribillo pegadizo de todo el disco, pero vaya, que este es de escucharlo entero, a poder ser con cascos y a oscuras. No sé prácticamente nada de Dagmar Zuniga y no me importaría que eso siguiera así, e incluso que no volviese a sacar música, solo por mantener la mística de esta media hora de canciones íntimas y fantasmagóricas que parece que las haya encontrado alguien en un cassette olvidado de los 60.

No me había parado a googlear a Shugo Tokumaru hasta que me puse a escribir esto, pero se ve que en Japón es bastante famoso, llegando a entrar en el top 40 y con canciones suyas en anuncios de ordenadores y movidas así. Supongo que tiene sentido, pero precisamente los motivos que lo convierten en un buen exponente del difunto subgénero “música de anuncio del iPod” son los mismos que lo hacen excelente música veraniega, que es por lo que me he acordado de él en cuanto ha empezado a hacer calor. Para el oído occidental, además, su incorporación de elementos tradicionales asiáticos (este Resham Firiri al parecer es una de las canciones tradicionales nepalíes más famosas) lo eleva por encima de lo que por lo demás es un pop ligerito y divertido, ¡que no es poca cosa! He comprobado empíricamente que en un coche de camino a la playa entra muy bien, recomiendo repetir mi experiencia.

Triángulo de Amor Bizarro - Este contra Oeste6

A estas alturas ya no esperaba mucho de Triángulo de Amor Bizarro, que llevaban ya 10 años sin sacar un disco que me gustara de verdad, y su fichaje por el conglomerado internacional Sonido Muchacho-Airbnb-Lockheed Martin Inc. no me inspiraba muchísima confianza, pero me alegro de haberme equivocado. No tengo mucho que decir sobre Mi Catedral que no haya dicho ya absolutamente todo el mundo, pero sí quería destacar esta canción, que no es de las más celebradas y para mí es un punto álgido del disco.

El “tú y yo” inicial y el hecho de que sean de las pocas canciones de TAB en las que cantan tanto Isa como Rodrigo la hermanan con Delirio místico, tal vez mi favorita del grupo7. Si en aquella aún había mucha de la ironía indescifrable de las letras de sus primeros discos (a día de hoy sigo sin tener claras las implicaciones de que se describan como “banda angradoheroísta de liberación” y “padres fundadores del situacionismo creacionista”), esta es pura canción de amor de dos tremendos raros, “inseparables, insoportables por separado”. Un retrato tiernísimo de estas dos personas que la verdad que me creo que sean insoportables, pero anda que no es bonito que se hayan encontrado y se quieran, aunque sea como “Kinski y Herzog en Fitzcarraldo”. Y es bonita también la manera en la que esa simbiosis se refleja en la música, transitando el camino medio entre sus momentos más poperos (que normalmente canta Isa) y el ruidismo guitarrero del que se suele encargar más Rodrigo.

Y esto es todo por ahora. No sé ni cuándo ni cómo, pero volveré a escribirte (si me dejas). Mientras tanto cuídate y aprovecha el intervalo cada vez más breve de tiempo entre que ya es agradable estar en la calle y aún no ha empezado el calor inhumano para dar unos buenos paseítos, que siempre sienta bien. Hablamos, tarde o temprano.

1  Una cosa divertida de mi proceso de escritura es que siempre que acabo de escribir algo tengo que hacer el repasito de las fechas: buscar todas las referencias temporales y actualizarlas, porque inevitablemente pasa al menos una semana entre que empiezo a escribir algo y lo acabo. Esta frase originalmente decía “esta semana cumplí 32 años”.

2  Coincidiendo con esto, hubo bastante debate en las redes (o al menos en las mías) sobre lo que verdaderamente significa la etiqueta “tontipop”, que, como “indie” o “hyperpop” en España (o “emo” en todas partes) ha experimentado una deriva sin mucho sentido. Para que conste, esta newsletter está del lado de que tontipop es Meteosat o Vacaciones, no Juniper Moon o las Cariño.

3  Si se me permite ponerme un poquitín pureta en esta carta anti-puretismo, diré que me parece que pasarte horas preparando un maquillaje súper pulido y elaborado es un poco contrario a todo el rollo de Heavenly, pero yo qué sé, seguro que se lo pasaron bien haciéndolo, así que me callo la boca.

4  Me da rabia el anglicismo, pero me parece un verbo imposible de traducir con el significado correcto. ¿”Hechiza”? Desde luego no es “encanta”.

5  Al final me demoré aún más, y escribo esto ya después de haberlas visto. El concierto me ha dado muchos pensamientos que darían para su propia carta entera, pero por ahora me limitaré a decir que me alegro de haberlas visto durante los 6 meses que pasarán actuando antes de separarse y que alguna de ellas se reinvente como influencer de extrema derecha.

6  Esta no la puedo enlazar a bandcamp porque es la única de esta carta que no está en la plataforma. Pídanles más a sus sellos independientes estatales de confianza.

7  Hay que decir que por mucho que me guste este nuevo disco, me puse Delirio místico para comparar y la verdad que el sonido del Victoria mística no lo han superado nunca, menudas guitarras descacharradas increíbles.

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