Queride:
Aquí estamos de vuelta. Esta newsletter sigue sin tener una periodicidad fija, pero me entraron ganas de escribirte para compartir contigo las bondades del arquetipo ficticio que he decidido que defina mi verano: el chavalín veraniego, inspirado por la canción Sunny Summer Guy, de Ruth Garbus, que ha sido algo parecido a un mantra para mí estos últimos meses. Para celebrar este Verano del Chavalín Veraniego, he hecho esta playlist de canciones de este año que reflejan bien el espíritu de la temporada:
Esta vez la he replicado también en Spotify, para que mis lectores más fans del genocidio1puedan escucharla también:
Y por último, aquí la lista de canciones, por si eres un ser elevado que utiliza Tidal o Qobuz o alguna cosa de esas y te apetece recrearla:

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Ruth Garbus, que normalmente tira hacia lo melancólico, atribuye la actitud inusualmente contenta de esta canción y la que le sigue en el disco a haber encontrado por fin, después de años, unos antidepresivos que le funcionan. Yo por suerte llevo ya un par de años sin necesitar ayuda química, pero sí me identifico con esa paz que llega después de ir resolviendo uno Sus Cositas y el asombro de disfrutar por primera vez de las cosas de una manera más presente, después de una vida de disociación depresiva. Es interesante que el sustantivo usado por Garbus sea “guy”, tradicionalmente masculino pero que cada vez se usa más de una manera neutra, sobre todo en la jerga online (referirse a una misma como “just a little guy”, por ejemplo), de una forma similar a la que adopta en según qué situaciones (o por lo menos así la he estado usando yo) nuestro “chaval”, y que viene en el contexto de un disco en el que Ruth Garbus ya ha jugado con el género desde literalmente la primera línea, en la que habla de “cuando penetré a ese hombre” y de cómo eso cambió su percepción de los roles en el sexo y un poco en la vida en general.
La canción es totalmente narrativa pero a la vez no cuenta nada muy notable: Ruth Garbus como chavalín veraniego se da un paseo por un pueblo de playa y disfruta del entorno. El chavalín veraniego es un personaje inocente (le da igual ser rico o sabio) pero no por ello infantil (a pesar de llevar, entiendo que metafóricamente, un sombrerito con hélice y una piruleta), simplemente se trata de una figura que ha trascendido el miedo al ridículo y opera con una sinceridad desarmante, como cuando expresa su admiración por Vaiana, que es “una de mis heroínas porque es ética y valiente”. A estas alturas a ninguno nos pillarán defendiendo el potencial revolucionario de un personaje propiedad de una multinacional, y eso Garbus lo sabe de sobra, pero la manera simple y honesta, casi exagerada, con la que expresa su admiración hace que trascienda ese sano escepticismo. Garbus parece decir “sé que esto está mal, sé que su mera existencia es consecuencia directa de un montón de violencias, pero el hecho es que existe, y, ¿no es bonito que una niña defienda su isla?” Si vamos a intentar buscar la belleza donde buenamente podamos en este mundo un poco asqueroso, eso incluye buscarla también en nuestra cultura de masas, aunque no por eso la apoyemos o caigamos en las trampas poptimistas de la década pasada. El toque final, claro, es que cuando le toca un juguete de Vaiana en la feria se lo regala a una niña: rechaza el impulso millennial coleccionista y nostálgico, entiende que esto no es para ella y hace feliz a una niña pequeña. Y cierra con lo más importante de todo esto: “y me sentí muy bien”.
Creo que después de esto entenderás por qué aspiro a vivir un verano de chavalín veraniego: estar tranquilito, dar mis pequeños paseos, bañarme en la playa, intentar encontrar la belleza en todos los sitios que pueda y, siempre que sea posible, hacer algo bonito por otra persona.
La lista también incluye temones de artistas como Tara Clerkin Trio (Tania dice que suenan a canción que te viene de demo cuando compras un teclado, pero en plan bien), ear (que se los ha apropiado un poco el moderneo ketamínico, pero para mí están siendo los caroline de este año, en el sentido de música que me arropa y me mece), Adios Adios (a quien nunca le había acabado de pillar el rollo y me ha ganado con su primer disco en español, una fantasía post-Chambao de la mano del infalible sello Cimatario Fuexu) o Styrofoam Winos (probablemente la gente más tranquilota que te puedas echar a la cara, con una canción en la que nos invitan a ser nuestro propio Elvis, nuestra propia Marilyn y nuestro propio Bambino, signifique lo que signifique, y en la que yo añadiría a la lista “sé tu propio chavalín veraniego”), y la cierran diez minutos de ambient gustoso de Abul Mogard y Rafael Anton Irisarri que son el equivalente sonoro a hacer el muerto en el agua. Si después de eso no te has convertido ya en el avatar terrenal de la deidad de los chavalines veraniegos, yo ya no sé qué más hacer.
¿Sabe tu director de terror elevado las metáforas que hacéis? (una nota sobre las pelis de miedo de este verano)
Esto no tiene nada que ver con lo otro (y diría que hasta es un poco contrario, en tanto que el miedo es tal vez la emoción menos chavalinveranieguesca posible), pero uno de los fenómenos culturales del verano han sido dos películas de terror enormes, y yo soy una persona con muchas opiniones.
Una de las cosas en las que más me fijo en las películas de terror contemporáneas es su relación con las metáforas, ya que ha sido uno de los terrenos más pantanosos del género post-Hereditary (o, yéndonos un pelín más atrás, post-Babadook). Uno de los principales motivos por los que me gusta el terror es su capacidad para la visceralidad, para, mediante la hipérbole, retratar no cómo son las cosas literalmente, sino cómo las vive uno2.
En este sentido, los dos grandes hits de este año (Backrooms y Obsession) toman caminos muy opuestos. En el caso de Backrooms, que, ya desde los vídeos en los que se basa, trata con un material súper rico en implicaciones temáticas3, me decepcionó ver que a la hora de convertirlo en un blockbuster se optó por la vía más rancia de la analogía del trauma con un arco perfectamente cerrado de manual de guion, en el que la presentación de cada personaje incluye la descripción del trauma de su pasado que deberán superar en el tercer acto si quieren sobrevivir, y en el que el arma que da el golpe final al monstruo4 es literalmente un pedazo del pasado.
De Obsession, sin embargo, me ha sorprendido ver a gente decir que no tiene un discurso claro o que no acaba de decir nada, cuando precisamente para mí una de sus virtudes es que lo dice sin necesidad de subrayarlo 80 veces. Obsession habla de una forma de relación tóxica en la que el daño es recíproco aunque el causante último sea uno solo de los miembros5. La relación entre significante y significado es 1:1, no hay un monstruo que sea un símbolo de otra cosa, sino que el subtexto penetra por la vía de la exageración. Estar tan absorbida por tu pareja que descuidas tus necesidades se convierte aquí en Niki literalmente paralizada cuando no está él en casa, la incertidumbre constante y erosión de tu realidad que tienen lugar cuando sales con alguien inestable y abusivo aquí pueden tener consecuencias letales, pero la sensación no deja de ser la misma.
Y un punto aparte lo merece Posesión infernal en llamas, que no ha tenido el éxito de las otras dos pero para mí es el gran descubrimiento de la temporada. No es una peli que pueda recomendar muy alegremente porque es bien desagradable y además hay bastante violencia contra animales, que sé que para mucha gente es una línea roja, pero vaya peli buena para los taraos que echamos de menos el Nuevo Extremismo Francés6. Si bien en su último acto, y en general gran parte de las veces que tira por el tema de la violencia de género, peca un poco de la metaforitis que me raya, toda la parte de la película que es un drama familiar mezquino y ultragore, con esa crueldad distintivamente francobelga, lleva más lejos que nadie esta clase de hipérboles viscerales que celebro. Muy a menudo, las reuniones familiares se sienten exactamente así de violentas.

Iba a poner una imagen de Posesión infernal en llamas pero no encontré ninguna que no fuese a petar todos los filtros de violencia de tu correo, así que en su lugar te dejo esta del pequeño Fulci y su nuevo mejor amigo Alfombras, el gran bromance de mi verano.
Reseñas rápidas de los conciertos que he visto desde la última vez
Candelabro: Excelente concierto, espero que no sea la última vez que tengo la oportunidad de verlos por culpa de su drama interno.
Black Country, New Road: Me daba un poco de pereza porque ya les vi dar básicamente el mismo concierto pero resulta que siguen siendo increíbles y se nota que van dejando atrás su rigidez de niñes de conservatorio. Fuerte que en 2023 tocasen en la But y en su siguiente visita a Madrid ya llenen la Riviera.
Nick Cave: Nunca me ha encantado a pesar de que siento que debería, pero la verdad que en concierto convence, creo que tengo que escuchar más sus canciones de “te voy a contar una historieta sobre un asesinato”, en lugar de las de “ups se me ha muerto otro hijo”.
David Byrne: La mejor persona sobre la faz de la tierra, directo divertidísimo e imaginativo, me dio pena no poder verlo entero porque se solapaba con
Pulp: Hicieron lo que tenían que hacer, ni más ni menos, pero eso es más que suficiente. Inglaterra ganó a Noruega durante el concierto, así que los guiris presentes estaban más insoportables de lo habitual, pero Jarvis Cocker te salva eso y más.
Belle & Sebastian: Tocando el If You’re Feeling Sinister. Era imposible que no me gustara, y ellos la verdad que son majísimos y le ponen ganas, pero menudo bajón verles cerrar con una imagen de IA de un osito vestido de chulapo con una camiseta de Belle & Sebastian.
Breve opinión obligatoria sobre lo de la Charli
Como persona que le repite a todo el que le dé pie que él estaba ahí desde el Sucker, siento que tengo que dar mi opinión sobre el disco de Charli XCX. Es bueno porque no sabe hacer un disco malo, pero no me ha vuelto loco, hubiera sido interesante verla hacer su versión de un disco de rock en lugar de simplemente otro disco suyo más pero adaptado a la instrumentación y las estructuras del rock. En ese sentido, cosas como el momento glitch de Rock Music son un buen ejemplo de la clase de hibridación de géneros que me habría gustado ver, además de algo más de variedad en los ritmos, que se quedan casi todos en un medio tiempo algo monótono. También es muy posible que le haga falta hacer algún disco sin AG Cook, con todo mi cariño y mi respeto hacia él (y qué bonita la canción que le dedica).
Y esto es todo, acabo de escribir esto en las últimas horas de mis vacaciones. Disfruta de lo que queda del verano, regálale la proverbial muñeca de Vaiana a una niña y ánimo con el calor. Hablamos pronto.
1 Obviamente es broma esto, no estoy yo como usuario de Apple Music en condiciones de juzgar a nadie.
2 Es muy probable que esto sea consecuencia directa de haber sido expuesto a una edad influenciable al Hello Sadness de Los Campesinos!, un disco en el que que te deje la novia es exactamente lo mismo que que te desmiembren y evisceren y tu cuerpo se pudra.
3 Siendo tal vez la más interesante el hecho de que en el terror de la generación Z (véase también el analog horror y esas cosas) lo que más miedo dé sean siempre las ruinas de las épocas de prosperidad de las generaciones anteriores.
4 Qué rollo que tenga que haber un monstruo, por cierto.
5 También he visto a gente a la que le parecía que la peli no condenaba al chaval: abran las escuelas
6 Una corriente a la que le tengo mucho cariño pero que, por otra parte, dio con suerte 3 ó 4 pelis buenas de verdad.
